domingo, 21 de septiembre de 2014

Nuestras Realidades

¿Los Datos son Teorías?


El avance científico, el conocimiento en sí mismo, se basan en la presuposición -otro día hablaremos como nace una presuposición- de que existe una realidad que somos capaces de percibir de manera objetiva y neutral, es decir, que los datos son independientes de quien los observa. Eso es, al menos en sentido estricto, imposible.

Evidentemente existe una realidad objetiva, independiente de los que la observamos, pero las cosas no son tan simples, porque no todos percibimos esa realidad de modo idéntico. La percepción humana es un proceso activo, posterior (y de orden superior) a la sensación, ocurriendo que consideramos datos puros no a las sensaciones, sino al resultado de operaciones internas.

Cuando percibimos algo, incluso antes de ser conscientes de ello, los datos que lo componen ya han sido “preelaborados”, organizados, categorizados. Solo podemos percibir, aprehender y comprender determinados datos (o agrupaciones de ellos).

Una vez que los estímulos ambientales (iguales para todos) excitan a los sentidos (de diferente umbral y sensibilidad variables según distintos factores) esta información se transforma en, por así  llamarlos, “pulsos nerviosos”, diferencias de potencial entre las neuronas, el único lenguaje que puede entender el cerebro, la mente. Vemos, por así decirlo, lo que queremos (o podemos) ver, aunque solo sea porque solo somos capaces de percibir realmente aquellos elementos que “encajen” en nuestros esquemas previos y estamos “ciegos” para lo demás.

Los datos son filtrados (reforzando unos, inhibiendo y descartando otros) en función de su ajuste a marcos conceptuales ­esquemas­ que no residen en los órganos sensoriales o en estímulo que los excita, sino en la mente del observador. La realidad toma la forma que le damos ya que filtramos y desechamos gran parte de las sensaciones, de los estímulos que excitan nuestros órganos sensoriales.

El mejor ejemplo puede venir de la mano de otro artefacto, el lenguaje. Son conocidos los ejemplos de los pueblos esquimales y la nieve (o los Sami con los renos) [1]. En ambos casos sus idiomas cuentan con cientos de palabras que definen objetos para los que el nuestro solo cuenta con una o unas pocas. Estos pueblos han creado lenguajes que les permiten intercambiar información y relacionarse en un medio muy peculiar, su supervivencia depende una adaptación completa a un medio específico.

Para alguien como yo basta con las palabras nieve, hielo y escarcha para describir una realidad mucho mas compleja, pero ajena a mi contexto. En Jerez no nieva (literalmente) desde 1954, la nieve no es relevante para mi. Por el contrario para un esquimal estimar las características y el comportamiento de la nieve es fundamental. El lenguaje esquimal desarrolló palabras que describían lo que sus esquemas ya integraban sobre la nieve, permitiéndole describir las características diferenciales en función de sus impurezas, las condiciones ambientales en que se precipitó, el tiempo transcurrido y muchos otros factores.

Son aspectos de la realidad que el esquimal necesita estimar porque son útiles, incluso imprescindibles. El marco conceptual del esquimal le permite percibir (y predecir) las condiciones de la nieve. Habilidades de las que que yo (carente de sus esquemas) carezco, a pesar de que nuestros sistemas sensoriales sean virtualmente idénticos. Si cogemos la misma nieve ésta se derretirá del mismo modo, pero el esquimal obtendrá información observando el tiempo que tarda en fundirse o la resistencia que presenta a la presión de sus dedos.

En ambos casos la realidad es la misma y ajena a ambos (cristales de hielo derritiéndose) pero su teoría (que ya posee) le proporciona datos que yo ni imagino. Sus esquemas son mucho mas complejos y completos y se van viendo confirmados (o refutados) por la experiencia, contando con una potencia predictiva muy eficiente.

Por eso los datos que ambos extraemos de una misma realidad (la nieve) y con los instrumentos virtualmente idénticos (órganos sensoriales humanos) son totalmente distintos, ambas realidades pueden ser ciertas ­y útiles ­ para ambos, indudablemente la suya es mas completa y se acerca mas a la realidad externa a ambos.

Lo  mas curioso es que ambas "teorías" sobre la nieve (la del esquimal y la del jerezano), representan de la mejor manera la realidad e la realidad en la que se han generado, una donde la nieve es constante y otra  donde nunca nieva. Percibir todos esos detalles sobre la nieve no mejoraría mi adaptación (capacidad predictiva), incluso podría limitarla, al implicar un gasto en recursos sin beneficio alguno. Pero además al no haber experimentado nunca la nieve solo podría acceder a tales conocimientos por vías indirectas (relatos orales o escritos)

No reaccionamos a la realidad externa a nosotros mismos (y común para todos) sino que reaccionamos a la copia de la realidad que hemos creado en nuestra mente. Esa copia si es ligeramente diferente para cada uno de nosotros. Por ello podemos decir que hay tantos mundos como humanos, porque la copia  que cada uno ha generado en su interior difiere de las de los demás. 

Es decir, el pequeño científico que llevamos dentro aplica el método científico de manera bastante laxa. De hecho, en muchas ocasiones cuando los datos no encajan con su teoría, ignora los datos -o los retuerce hasta que encajen-.

Los seres humanos siempre estamos poniendo a prueba nuestras hipótesis sobre el mundo (en invierno hace frío, el mundo está lleno de peligros), sobre los demás (los guapos son tontos, todas las mujeres son iguales) y sobre nosotros mismos (soy un inútil). Ocurre entonces que descartamos datos que no encajen con nuestras teorías -aunque sean reales- y reforzamos estas hipótesis, aunque estas no sean reales, válidas y/o funcionales.


Lo mas curioso es que aunque el conocimiento está guiado por estos conocimientos previos, sigue siendo posible registrar datos discordantes, el esfuerzo por integrar estos datos incongruentes implica el cambio, el aprendizaje, ya sea integrando lo nuevo en las hipótesis previas (asimilando) o generando nuevas hipótesis (acomodando).

[1] Ha habido diversas polémicas en lo relativo a los pueblos esquimales y la nieve, pero no tantas para los Sami y los renos, en ambos casos actualmente parece existir consenso al respecto, como aparece citado en, por ejemplo : http://parturientmontes.blogspot.com.es/2013/01/polemicas­los­esquimales­y­las­nieves.html

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