Parece harto probable que de aquí a unos meses volvamos a pasar por un proceso electoral. Parece también tremendamente factible que los resultados nos aboquen a pactos, quizás con un diferente equilibrio de fuerzas, pero pactos al fin y al cabo.
Ocurra ahora, en Junio o en un par de años con toda seguridad las tasas de desempleo y actividad seguirán en niveles insoportables, lastrando el consumo y dando la puntilla al agonizante estado del bienestar. Con toda probabilidad también seguiremos viendo como los partidos son incapaces de contrarrestar ese peso muerto con propuestas concretas, objetivas y viables que cuenten con un respaldo técnico y social suficiente.
Porque nadie, o casi nadie, propone iniciativas novedosas ni tan siquiera originales o ambiciosas en relación a las Políticas Activas de Empleo (en adelante PAE) ni nadie, o casi nadie, propone reformas de calado en la articulación entre las PAE y las Políticas Pasivas de Empleo (en adelante PPE) como no sea el control del demandante o la manida (y perversa) llamada al emprendimiento.
Los partidos parecen, en su mayor parte, incapaces de articular propuestas respetuosas con los principios de evidencia y eficiencia. Incluyo en esta crítica al partido en el que milito, cuyas propuestas de intervención rozan la pseudociencia (veasé RBU, Reforma Agraria y derivadas) o no son más que una declaración de intenciones (Planes de Empleo sin desarrollo o justificación). No es este por tanto este un alegato político sino técnico.
Son cada vez más los autores que se cuestionan tanto el enfoque (marco teórico) como la aplicación (propuestas de intervención) de las Políticas de Empleo, Pasivas y Activas, pero sobre todo estas últimas. Máxime cuando la situación real dista mucho de la situación supuesta, la presunta vinculación entre Políticas Activas y Pasivas solo existe sobre el papel y tan solo se lleva a cabo, de manera incompleta y superficial, para las Rentas (Activa y Agraria), el Prepara y el Plan de Activación para el Empleo. Ha tenido que ser el Partido Popular, para escarnio de la izquierda, el que ponga algo de orden en alguno de estos aspectos (aunque solo fuese “acreditar” la Búsqueda Activa de Empleo o identificar al Orientador-Tutor), por sus propios motivos, pero lo ha hecho.
En el origen de todo este desconcierto están los problemas de indefinición propios de las PAE y, en particular de la Orientación Laboral. En otras palabras, se es poco ambicioso y además dicha falta de ambición no es accidental sino intencional. Siguiendo a Torregrosa (2) existe una dicotomía maniquea, entre la lógica de la solidaridad y la del mercado. El objetivo se agota en medir la inserción como contratación laboral (eventual, precario...) o como inserción social (acompañamiento, autonomía, motivación) según el colectivo (y programa concreto) del que se trate. Una dicotomía que segrega colectivos, pero también intervenciones.
Parece mas adecuado contemplar las necesidades del mercado pero también las del usuario y su contexto sin dar un peso predominante a una u otra, error que se ha cometido en exceso en el pasado. En la misma lógica es fácil coincidir con autores como Lorente (4) al apuntar que el objetivo consiste en llegar a un equilibrio entre los intereses ocasionalmente divergentes de los diversos interesados: el Estado, los empresarios y los ciudadanos, la respuesta estaría en un enfoque no tanto reactivo, puntual y parcial
sino preventivo, masivo y objetivo, probablemente basado en el modelo de competencias.
Pero un enfoque ambicioso requiere unos cimientos sólidos, basados en la evidencia. En este sentido desde ámbitos académicos y profesionales hace tiempo que se vienen señalando tanto las debilidades como fortalezas y vías de mejora del sistema. Climent (1), por ejemplo, enfatiza que en demasiadas ocasiones las propuestas de intervención no tienen en cuenta criterios de fiabilidad o validez, incluso la propia Orientación (que se supone núcleo coordinador de las PAE) adolece de una falta de validación empírica en muchos de sus postulados. Esta problemática, que probablemente afecte a todas las PAE, está con toda probabilidad en el origen de la deficiente cualificación de los profesionales.
Aunque no se trata solo de un problema de nuestro país, si que es especialmente evidente en el nuestro como bien han señalado, entre otros, Climent (1) y Piqueras (10). Ciertamente, se trata de una disciplina joven, con muy poca reflexión y producción, escasa investigación, que ha generado un corpus teórico exiguo,insuficiente y generalmente falto de fundamentación metodológica y/o científica. (1).
Como subproducto de esta situación el perfil profesional del orientador resulta disperso, sin una base común que garantice metodologías propias, válidas y fiables. Esta indefinición, ya señalada por la OCDE en 2002, sea el origen ciertos efectos perversos, como una percepción errónea de autoeficacia y una evaluación que ni es válida ni es fiable.
Y sin embargo resulta evidente que si existieran variables susceptibles de modular la incidencia de los efectos del desempleo sobre las personas estas mismas variables actuarían como predictoras del estatus laboral futuro (9). Por tanto estas variables, su caracterización y modulación, deberían ser el eje del trabajo (y cualificación) de los orientadores.
Los orientadores laborales comparten con los formadores ocupacionales la falta de instrumentos y métodos estandarizados unívocos (2), pero los segundos al menos cuentan con su propio certificado de profesionalidad (3) así como un enfoque teórico unitario (el constructivismo) y el respaldo una amplia “tradición” en la enseñanza de adultos.
Parece necesario, por tanto, articular un programa de formación unitario, basado en la evidencia, que permita a los orientadores contar una formación que garantice un desenvolvimiento profesional adecuado. Una formación “estandarizada” y de posgrado evitaría, de paso, las trampas “formativas” de afán recaudatorio, siendo especialmente llamativo alguno de algún agente social particularmente “ambicioso” (5).
Existen ya varios posgrados impartidos por Universidades Públicas que podrían satisfacer la necesidad de una cualificación estandarizada, sólida y fundamentada. Aunque existen diferencias significativas debería ser posible consensuar una aproximación. La UNED (6), (7) oferta diversos posgrados quizás demasiado cercanos a la Orientación Escolar mientras que el que ofrece la Universidad de Huelva (8) dibuja una Orientación Profesional independiente (con beneficiarios y ámbito de aplicación propios) de la Orientación Escolar. Ambas titulaciones (Uned-Fundación Uned y Universidad de Huelva) ofrecen una formación on-line, lo que probablemente facilitaría a los orientadores ya en activo (ocupados o no) acceder a la misma.
Pero de poco va a servir a los Orientadores contar con una formación sólida de persistir su poco envidiable situación laboral. Porque la mayoría de los orientadores están demasiado cercanos al precariado (temporalidad, objetivos cuantitativos...) algo que, sin duda, inhibiría el reciclaje y/o capacitación profesional de los propios orientadores.
En este sentido la dependencia excesiva de los Fondos económicos discontinuos, generalmente con periodicidad anual y el sometimiento a procedimientos y normas de carácter administrativo, han limitado la necesaria flexibilidad y adecuación de los programas a las realidades locales concretas, en palabras de (Torregrosa 2006) (2): “Esa sensación de constante provisionalidad, precariedad e imprevisión ha alterado profundamente las bases y lógicas desde las cuales intervienen”.
Y sin embargo existen experiencias previas que podrían servir de modelo, los orientadores que ya trabajan en el Servicio Andaluz de Empleo, no tanto los que lo hacemos desde las Oficinas de Empleo (saturados de trabajo administrativo) sin los insertos en los Centros de Referencia para la Orientación con personal estable y en condiciones de trabajo “dignas”.
Notas:
(1) José Climent, Las tribulaciones de un Orientador Laboral en tiempos de crisis. Presentación. http://www.euroempleosurge.org/system/datos/24/original/Las%20tribulaciones%20de%20un%20orientador%20laboral%20en%20tiempos%20de%20crisis-%20Jos%C3%A9%20Clement.pdf?1327307764
(2) Daniel Jover Torregrosa, Formación e inserción socio-laboral, Revista de Estudios de Juventud, nº74, Septiembre 2006 (http://www.injuve.es/sites/default/files/revista74_articulo5.pdf)
(3) Contenido y referencias normativas del Certificado de Profesional de Docencia de la Formación Profesional para el Empleo (https://www.sepe.es/contenidos/personas/formacion/certificados_de_profesionalidad/pdf/fichasCertificados/SSCE0110_ficha.pdf)
(4) Rocío Lorente García, CONFIGURACIÓN DE LAS POLÍTICAS EUROPEAS
DE FORMACIÓN PROFESIONAL ANTE LAS
NUEVAS DEMANDAS DEL MERCADO LABORAL, Revista Profesorado, VOL. 15, Nº 2 (2011) (http: //www. ugr. es/local/recfpro/rev152COL11. Pdf)
(5) https://www.www.ccoontigocampus.es
(6)https://formacionpermanente.uned.es/tp_actividad/idactividad/7328
(7)http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,24273190&_dad=portal&_schema=PORTAL&idContenido=4
(8)http://www.uhu.es/orientacionlaboral/web/objetivos.html
(9) Competencias socioemocionales y actitud para la empleabilidad en desempleadas universitarias. David Molero López-Barajas y Adela. Reina-Estévez.Revista Española de Orientación y Psicopedagogía, Volumen 23, nº 2, 2º Cuatrimestre 2012
(10) Piqueras, R., Rodríguez-Morejón, A., y Rueda, C. (2008). Expectativas y duración del desempleo. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, vol. 24, 2, 129-151.
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